Carmen SalvadorTena,(Administradora)

viernes, 20 de febrero de 2015

LA JOTA lll

AJotas de ronda por la rondalla de Sástago en las fiestas de agosto de 1963, con la cantadora Nicolasa
(Foto cedida por Dalia Ferruz)
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 LA JOTA lll

 Los acontecimientos que había vivido la sociedad aragonesa en los momentos clave para la evolución de la jota, principalmente el desastre del 98, habían imbuido a ésta de cierto carácter patriótico cuyos más destacados y repetidos valores eran el amor a la patria y la devoción de los aragoneses por la Virgen del Pilar. El régimen que se estableció en España tras la Guerra Civil, en su afán de imponer a la sociedad los más genuinos valores del nacionalismo, recurrió entre otros medios a un recurso habitual en este tipo de sistemas: la utilización del folklore como método de adoctrinamiento e identificación del pueblo con los dogmas patrios. Cabe pensar que en esta situación la jota fue elegida como protagonista absoluta frente a otros cantos típicos por la entusiasta glorificación que en ella se hacía ya de valores como el amor a la patria, a la bandera y a la Virgen, reflejados desde antiguo en las coplas joteras. En consecuencia, la jota se trivializó en torno a una serie de lugares comunes que interesadamente fueron mantenidos por el régimen, de manera que durante muchos años la jota, especialmente la bailada y salvándose en parte la cantada, no sólo vio anulada cualquier posibilidad de evolución, sino que perdió toda reminiscencia de su carácter popular de antaño. Los temas de la jota cantada se centran en un puñado de gastados tópicos; la jota bailada se resume en unas cuantas coreografías de nuevo cuño que se inventan con la pretensión de condensar en una única forma de baile común a cada lugar (Jota de Calanda, Jota de Albalate, Jota de Alcañiz…) la aportación personal de los grandes intérpretes del momento. 

 La restauración de la legalidad democrática no supuso apenas mejora en la situación de la jota; actualmente existe una gran cantidad de grupos e intérpretes pero no ha habido prácticamente ninguna autocrítica sobre la labor y el papel de éstos en aquella época. Los métodos y el enfoque de la jota aragonesa poco han cambiado; en particular, los grupos actuales siguen inspirándose en la labor de los de entonces, salvo unas pocas excepciones. Una pléyade de concursos y concursillos, por lo general carentes de rigor y de escasa calidad, faltos de criterios de altura, lejos de animar a los jóvenes aprendices de la jota a superarse cada vez más tiende a igualar a los buenos y malos concursantes, causando así el desánimo de los primeros y la infructuosa promoción de los segundos. La jota parece estar estancada en un mundo endogámico y autosuficiente, cerrado herméticamente a influencias exteriores, que por otra parte no termina de provocar en los ámbitos ajenos a ella el menor interés por el estudio e investigación de este género tan importante y aún desconocido. A la manera de aquella Gergovia de Astérix y Obélix, en la que todos sus habitantes dedican su tiempo a venderse unos a otros vinos y carbones y hablar de cuando estaban en Lutecia y se vendían vinos y carbones, este cosmos jotero parece ignorar la posibilidad de que existan visiones diferentes, alternativas, de nuestra jota. Quizá los recientes cambios en la orientación dada a la Sección de Folklore de la Escuela Municipal de Música y Danza del Ayuntamiento de Zaragoza y el interés que empiezan a prestar a la jota algunos artistas de ámbitos ajenos le permita romper este círculo vicioso y encaminarse por otros derroteros más próximos a los que la hicieron brillar con luz propia hace ahora un siglo.