Carmen SalvadorTena,(Administradora)

viernes, 20 de febrero de 2015

LA JOTA ll

 LA JOTA

Gran Colección de Jotas o Cantos Aragoneses seleccionados del repertorio de Santiago Lapuente. Transcripción para piano de José Mª Alvira. Portada de la edición de 1914, que contiene los 22 primeros estilos de la recopilación de Santiago Lapuente y Ángel Sola de 1894 junto con el nuevo "Nuevo apéndice de estilos".
(Propiedad de Fernando Cobos)

 “Jota” corresponde a un baile popular, nacido quizá en los albores del siglo XVIII en algún lugar desconocido de la Península Ibérica, y que alcanzó una gran difusión en ésta e incluso al otro lado del océano durante dos centurias. Pero si la llegada de los nuevos ritmos de finales del siglo XIX y principios del XX llevó a la jota a desaparecer totalmente como baile popular, en Aragón ha derivado de ella un estilo peculiar de canto poseedor de un carácter y una personalidad que lo distinguen claramente del resto.
El declive de la jota como baile popular comenzó ya durante el siglo XIX, aunque en paralelo, y principalmente gracias a la labor de los grupos folklóricos, que para entonces comenzaban su andadura, este género comenzó a experimentar un gran auge en espectáculos teatrales, como baile de salón y de academia e incluso como inspiración de obras musicales de concierto. En particular, la que pronto comenzó a ser conocida como la jota aragonesa atrajo desde bien temprano la atención de cantantes, músicos y bailarines dedicados al espectáculo.
Aunque nos estamos refiriendo a la jota de baile, el siglo XIX vio cómo ésta se transformaba en el característico modo de interpretar la jota cantando, sin baile ni acompañamiento de instrumentos, a ritmo lento y melismático, que tiempo después se ejecutaría al son de una rondalla y que hoy conocemos como la jota cantada (impropiamente llamada también jota de estilo) y que se ha establecido principalmente, y de manera destacada, en Aragón, recibiendo hoy de manera común y universalmente aceptada el calificativo de jota aragonesa.
El siglo XIX significó la consagración de este carácter de la jota como canto y baile netamente aragoneses, paradójicamente coincidiendo con su desaparición como géneros populares (especialmente la jota bailada, pues todavía sigue siendo costumbre cantar jotas de manera espontánea en determinados actos sociales) y su evolución hacia el mundo del teatro. Los artífices de esta transformación fueron, principalmente, los grupos folklóricos, que a finales del siglo XIX la habían convertido ya en un espectáculo conocido y admirado que propició la aparición de intérpretes especializados tanto en su canto como en su baile. Así, en los albores del nuevo siglo, grandes bailadores como Teresa Salvo, de Alcañiz, Francisco Espada, de Santolea, o José Pinardel, de Torrevelilla, discípulo éste de los anteriores, creaban escuela e inspiraban coreografías joteras basadas en su personal modo de bailar. Las voces de prestigiosos intérpretes como Cecilio Navarro, Juanito Pardo, Miguel Asso o María Blasco llevaban la jota por toda España e incluso al otro lado del océano, y empezaban a registrarse las primeras grabaciones fonográficas comerciales. La jota era el tema protagonista de numerosas composiciones de autores españoles y extranjeros y estaba presente en muchas obras del género lírico. En 1894 el prestigioso Certamen Oficial de Jota del Ayuntamiento de Zaragoza instituía por primera vez el Premio de Canto (hasta entonces lo había sido tan sólo de Rondallas), que en esa ocasión ganaba el albalatino Blas Mora. La jota estaba en pleno apogeo, disfrutaba de su época de mayor esplendor.