Carmen SalvadorTena,(Administradora)

sábado, 29 de marzo de 2014

EL BATURRISMO


¿EL BATURRO ES SINÓNIMO DE ARAGONÉS?


CHUFLA CHUFLA...CÓMO NO TE APARTES TÚ

La RAE define baturro en la actualidad como rústico aragonés; pero hasta no hace mucho tiempo se podía leer: despectivo de «bato», «hombre tonto, rústico, poco inteligente»; para Borao Buscar voz..., baturro «se dice de los jornaleros del campo y gente menos acomodada; pero es voz familiar»; y para Casares es adjetivo, «rústico aragonés»; finalmente, Rafael Andolz Buscar voz...lo define como «natural de Aragón» o castizo, y afirma que «generalmente no tiene el sentido que le da la Academia». En realidad se ha perdido la acepción del adjetivo, como labriego o rústico, y ha cobrado el apelativo cariñoso del aragonés, aunque siga conservando el matiz peyorativo «baturrada».
Entre 1797 y 1897 se publicaron, al menos, quinientos sesenta artículos de costumbres, además de abundantes ediciones, recopilaciones y antologías de cuentos populares o novelas inspirados en la realidad aragonesa; también los chascarrillos se multiplicaron en la prensa diaria y hasta floreció el teatro centrado en la figura del baturro. Este éxito, que recuerda el de otras muchas expresiones de lo baturro durante las fiestas del Pilar – incluido el teatro de Martínez Soria en su momento y ahora el de Marianico el Corto –, prueba que muchos aragoneses viven hoy esa representación distorsionada de sí mismos al margen del gusto culto y hasta de su espesor ideológico.
Pedro Laín Entralgo, ex director de la Real Academia Española, realizó ayer en Zaragoza un elogio de lo aragonés contraponiéndolo a los tópicos que circulan sobre los nacidos en esta tierra. Laín renegó de ese concepto de baturro que lleva aparejado la tozudez y un chabacano concepto de la llaneza.
"Entonces me di cuenta que yo tenía la j minúscula". ( su sillón en la RAE) Desde el recordatorio Laín aseguró que comenzó a reflexionar sobre su condición de aragonés y aseguró que el baturro es un invento del folclorismo del XIX. Lo dató en un libro de Crispín Botana, “La gente de mi tierra en las Fiestas del Pilar”, y aunque reconoció su gracia, abominó de su influencia. Habló de la jota mayúscula que canta el hombre echao p"alante que se autoproclama honrao, valiente, franco y tozudo y desgranó el decálogo de confusiones que identifican a la tozudez como la caricatura de la paciencia y el tesón, dijo que la franqueza no es nada si no está acompañada de delicadeza y cortesía y que si la honradez existe está feo hacer ostentación de ella. - ,
El baturrismo se fue configurando con la imagen literaria y gráfica de Aragón y de los aragoneses a partir de la gesta de la guerra de la Independencia. Sus autores fueron principalmente viajeros, que a lo largo del siglo XIX visitaron los lugares pintorescos de Aragón, o aragoneses que desde Zaragoza y Madrid contribuyeron con entusiasmo a su creación. Pero se desarrollará en las últimas décadas del siglo con el progreso de las Artes Gráficas y la incorporación técnica de la cromolitografía y el fotograbado.
Durante el romanticismo interesó Aragón como curiosidad por sus paisajes pintorescos y las costumbres y tipos singulares de las ciudades. Pero no siempre sus imágenes son precisas o unívocas, pues bien se idealizan los tipos, o apenas se diferencian por su indumentaria de los de otras provincias limítrofes. Sin embargo, a comienzos del siglo XX se pretenderá transmitir a través de las artes del color la imagen de una personalidad regional ligada a conceptos o expresiones tan queridos a la literatura de ensayo y de divulgación de comienzos de siglo como los de alma o raza peculiares de cada región.
Hay que dejar sentado que la imagen de Aragón se proyectó fundamentalmente desde Madrid, promovida por aragoneses e impulsada desde periódicos, revistas y otras ediciones costumbristas de formato menor, muchas veces con exceso de ganga de chascarrillos o, en el peor de bastantes casos, de chistes palurdos. Fue tomando cuerpo simultáneamente en tres manifestaciones culturales distintas, aunque complementarias, que se autoalimentaron.

1. En la literatura de prosistas y versificadores, a través sobre todo de narraciones y cuentos breves y, aunque menos, también en los diversos géneros teatrales finiseculares. Un ejemplo singular que abastecerá la copla y el cine y que como ópera pasará a escenarios europeos, fue el drama rural de ambiente aragonés La Dolores (1895), de J. Felíu y Codina.
Como es sabido, su autor había sido dos años antes el mantenedor de los primeros Juegos Florales de Aragón, celebrados en Calatayud.. Narraciones breves, con los que Braulio Foz enhebra la
vida picaresca y burlesca de su Pedro Saputo (1844), aunque procedentes más bien, en opinión de los críticos, del caudal de cuentos tradicionales, con una intención aleccionadora para sus paisanos de Almudévar2.
Periódicos y revistas primero, y después las numerosas colecciones y antologías de cuentos serán, como para casi toda la narrativa decimonónica, sus principales medios de difusión3. El ambiente de exaltación literaria de las virtudes y rasgos peculiares de los aragoneses venía p r e p a r a d o por los certámenes de creación de jotas, promovidos por el Ateneo de Zaragoza y por los anuales Juegos Florales,
coincidentes con las fiestas del Pilar. Los de 1902 debieron ser los más poético-costumbristas, con un mantenedor, el venerable dramaturgo Marcos Zapata, y u n joven poeta tan representativo del costumbrismo rural como José María Gabriel y Galán, que obtuvo la Flor Natural.


2. En la zarzuela, de cuyos éxitos se aprovecharán para divulgar todo lo que sonaba bien el piano callejero de manubrio, las cupletistas, el gramófono y el cine. Con estas novedades técnicas y culturales se renovará el i n t e r é s por el g é n e r o de costumbres aragonesas en su versión más popular del baturrismo. Lo explotará en seguida la productora barcelonesa Studio Films con una serie, nada menos que de diecisiete cuadros breves, presentados entre 1911 y 1917 bajo el título de Cuentos baturro ilustrados en el cine, que lograrán muy buenos resultados de taquilla en España e incluso al otro lado del Atlántico. Pero el éxito cinematográfico más completo como negocio, lo alcanzará Nobleza baturra —en sus dos versiones, muda (1925) y hablada (1935)— de Florián Rey, con guión de Joaquín Dicenta y ambientada en escenarios naturales de calles y rincones típicos de Zaragoza, incluido el interior del templo del Pilar. Presentada como película de costumbres aragonesas, adaptada por su autor a la escena,
en tres actos y cuadros, en prosa, mantiene, como puede verse, el esquema escénico de la zarzuela y reelabora el argumento de otra como El guitarrico,aderezado con chascarrillos baturros de procedencia narrativa

Como escribieron los historiadores de la zarzuela Arnau y Gómez: «Bien sabido es que la región aragonesa, después de Madrid y de Andalucía, es la que más juego ha dado al género lírico español, y su ritmo típico, la jota, señala alguno de sus mejores triunfos»1 2.
Éstos serían en secuencia cronológica:
1879: se estrena en Zaragoza La jota aragonesa, de Manuel Fernández Caballero, que se convertirá en el indiscutible intérprete de lo aragonés a través de la música. La acción transcurre durante los Sitios de la guerra de la Independencia.
1893: Echegaray y Caballero estrenan en Madrid El dúo de la Africana. Fue tal el éxito de esta oportunista reinterpretación de la ópera La Africana, de Meyerbeer, que llegó a representarse más de doscientas veces seguidas. Aunque no tenía nada que ver con un asunto o ambientación aragoneses, lo más popular fue la música con sus romanzas y esta inolvidable jota a dúo, que le ha dado merecida pervivencia:
No cantes más La Africana,
Vente c o n m i g o a Aragón,
y allí la Jota que e s gloria,
nos cantaremos los dos.
1898: Gigantes y cabezudos, del inseparable dúo Echegaray y Caballero, desarrolla el argumento, en carne viva, de la pérdida de las colonias y del retorno de los soldados, derrotados, enfermos o heridos. La ambientación se apoyaba en cuadros de fuerte colorido local, pues la acción se desenvuelve en Zaragoza, con letra y música aragonesas. Las escenografías, que incluso fueron ovacionadas en varias representaciones, se debieron a Luis Muriel, que supo recrear ambientes típicos de Zaragoza, como la plaza del mercado donde se escenifica la trifulca de las verduleras, o los paisajes urbanos para la procesión y la comparsa de los gigantes y cabezudos

Por fin te miro,
Ebro famoso,
hoy es más ancho
y es más hermoso.
¡Cuánta belleza,
cuánta alegría,
cuánto he pensado
si te vería!,

y otros diálogos que a c u ñ a r á n la imagen más p e d e s t r e e indeleble del baturrismo, como esta estrofa de «Los de Calatorao» que canta el coro de baturros al llegar a la capital:
Por ver la Pilarica
vengo de Calatorao.
Vinimos en la perrera,
Jesús la que hemos gastao!
Por ver la Pilarica
está muy bien empleao.
Chiquio, no te pierdas.
¿Vas bien agarrao?
Voy agarradico, no tengas cuidiao
De 1900 es la zarzuela cómica en un acto El guitarrico, con música de Agustín Pérez Soriano y libreto de Pascual Frutos y del hijo de Fernández Caballero. Compusieron un cuadro rural, ambientado en la plaza de un pueblo aragonés para representar el tema, tan traído a la escena española desde el barroco, de los amores e n t r e Perico y Trinidad, obstaculizados por su desigual clase social.

Suena, guitarrico mío:
suena guitarrico, suena.
Dila muchas cosas.
Dila que la quiero,
dila que no vivo,
dila que me muero.


Otros estrenos posteriores de zarzuelas aragonesas fueron el de Los de Aragón (1927), del periodista J u a n José Lorente y música de José Serrano, Baturra de temple (1929), de Federico Moreno Torroba y, en 1930, de nuevo el tándem Lorente-Serrano estrenará La Dolorosa, por cuyo éxito musical de duetos, jotas y romanzas se mantendrá en los escenarios hasta bien entrados los años cincuenta.


3. En las artes plásticas, que constituyen el argumento principal de esta exposición, no debemos pensar sólo en la pintura o arte culto, sino que deben incluirse necesariamente, por su mayor poder divulgador, el arte periodístico de las ilustraciones gráficas, el de los carteles de fiestas, los pasquines y prospectos publicitarios, la industria de las tarjetas postales y,aunque con efectos retardados, el trabajo de campo etnográfico desplegado por fotógrafos aficionados y directores de documentales etnográficos sobre tipos, trajes populares y costumbres ancestrales.

A falta de bandidos y salteadores, viajar por Aragón tenía otros riesgos. Las partidas carlistas acecharon muchas veces a los grupos de viajeros, y son citadas habitualmente, para aviso de lectores
viajeros, las posadas donde los parásitos y posaderos les chuparon la sangre y los cuartos.
Mayor difusión, sobre todo literaria e ilustradora tendrá la imagen de Aragón con la estancia de los hermanos Bécquer en Veruela. Residieron en el monasterio desamortizado d u r a n t e los veranos de 1863 y 1864, y
Valeriano debió volver en agosto de 1865 y en marzo del siguiente año. En el periódico madrileño El Contemporáneo serán publicadas las Cartas desde mi celda del poeta y verán la luz las ilustraciones de  Valeriano en las revistas El Museo Universal (sucesor del Semanario Pintoresco Español), en La Ilustraciónde Madrid y en La Ilustración Española y Americana.
Valeriano Bécquer había sido pensionado por el Ministerio de Fomento para pintar y dibujar los tipos y costumbres de las provincias españolas de Ávila, Soria y Aragón. Dejará numerosos apuntes artísticos de la iglesia y claustro del monasterio cisterciense de Veruela y dibujos con escenas de                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   los pueblos del Moncayo, de los que destacaría por su interés costumbrista El tiro de barra y La corrida de toros. Su trazo discurre siempre con soltura y hasta con elegancia, al modo de las ilustraciones del francés Gavarni.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Reproducen con más espontaneidad que sus óleos las costumbres, tipos y ambientes aragoneses, como puede verse en el titulado Interior de una casa de Aragón, también conocido como El chocolate (1865, SevillVisitará también Ansó Joaquín Sorolla, en 1912 y, dos años después, residirá en Jaca para preparar el cuadro de costumbres aragonesas para la decoración de la biblioteca de la Hispanic Society of America, de NuevaYork. Dentro de ese vasto programa dedicado a las regiones de España, la escena representativa de Aragón fue la de la jota, bailada por parejas con trajes ansotanos, ante un fondo de montañas

Enlace : .
  1.  

    La imagen costumbrista de Aragón - Institución Fernando el Católico

    ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/18/61/06garciaguatas.pdf
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